Disintegration salió a la venta en 1989.
Poco podía imaginar yo que 21 años más tarde la canción que da título al Lp de The Cure continuaría poniendo mis pelos de punta.
Hay temas que, desconozco cómo, te trasladan en décimas de segundo a un momento de tu existencia.
Durante los minutos que dura la canción, te encuentras ensimismado entre recuerdos y sensaciones pasadas, entre sentimientos, imágenes, momentos reales y desaparecidos que ya sólo existen en nuestra cabeza.
Es algo maravilloso.
La música es un medio de transporte, una cápsula que nos permite viajar en el tiempo.
Y la escucho… y siento mi habitación con la pared pintada a rayas. A oscuras, en mi escritorio con la luz de la mesita encendida. El corcho, a mi izquierda, lleno de fotos y dibujos. La tarjeta de felicitación y las postales. La estantería repleta de libros y mis muñecos: Mafalda, Garfiel -I need a hug-, Milú, Bart Simpson. El joyero negro repleto de chapas. La silla plegable llena de ropa. La colcha de nubes de colores en mi cama. Las ventanas de cuarterones y mi perro sentado en la repisa mirando si estudio… desde la terraza, en la noche.
Pero yo no leo, observo mi cuarto mientras escucho Disintegration.
Mientras los demás están en el comedor o en la cocina. Mientras descalzo mis pies en el suelo de corcho desgastado. Mientras Marta saca su cama.
Y la canción termina y vuelvo en mi… antes y ahora.
Sólo que ahora sé que si la vuelvo a poner, puedo volver a mi habitación. Puedo estar allí, de nuevo.
I love Disintegration.





