jueves, 9 de septiembre de 2010

Remember: Disintegration.



Disintegration salió a la venta en 1989.

Poco podía imaginar yo que 21 años más tarde la canción que da título al Lp de The Cure continuaría poniendo mis pelos de punta.

Hay temas que, desconozco cómo, te trasladan en décimas de segundo a un momento de tu existencia. 
Durante los minutos que dura la canción, te encuentras ensimismado entre recuerdos y sensaciones pasadas, entre sentimientos, imágenes, momentos reales y desaparecidos que ya sólo existen en nuestra cabeza.

Es algo maravilloso.

La música es un medio de transporte, una cápsula que nos permite viajar en el tiempo.

Y la escucho… y siento mi habitación con la pared pintada a rayas. A oscuras, en mi escritorio con la luz de la mesita encendida. El corcho, a mi izquierda, lleno de fotos y dibujos. La tarjeta de felicitación y las postales. La estantería repleta de libros y mis muñecos: Mafalda, Garfiel -I need a hug-, Milú, Bart Simpson. El joyero negro repleto de chapas. La silla plegable llena de ropa. La colcha de nubes de colores en mi cama. Las ventanas de cuarterones y mi perro sentado en la repisa mirando si estudio… desde la terraza, en la noche.

Pero yo no leo, observo mi cuarto mientras escucho Disintegration. 
Mientras los demás están en el comedor o en la cocina. Mientras descalzo mis pies en el suelo de corcho desgastado. Mientras Marta saca su cama. 

Y la canción termina y vuelvo en mi… antes y ahora. 
Sólo que ahora sé que si la vuelvo a poner, puedo volver a mi habitación. Puedo estar allí, de nuevo. 


I love Disintegration.







miércoles, 1 de septiembre de 2010

¿De qué estábamos hablando?

Exactamente no sé que iba a decir… pensé.

Tampoco lo que iba a hacer.
Me dispersé… empecé a volar pensando en una cosa y me fui a otra.
Luego dicen que no viajo… y, es que, donde voy no llevo maleta.
No la necesito.
Simplemente, llevo lo puesto y el billete.
El destino tampoco lo tengo claro. Pero no importa.
En una décima de segundo puedo cambiarlo y no me cobran recargo por ello.
Me estoy yendo y no sé cuándo volveré. Lo advierto…
Es inútil que intentes atraparme. O que me retengas.

Me voy.
Lejos o cerca… pero me voy.

Exactamente no sé qué te estaba diciendo.

Perdona, ¿de qué estábamos hablando?



miércoles, 25 de agosto de 2010

Tacky victims.

Una cosa es ir de moderna/o y otra muy diferente: serlo.

Está claro que hoy en día la moda ya no es un capricho caro. La moda está al alcance de casi todos los que se dejan seducir por ella.
Eso sí. Deberíamos saber diferenciar entre la moda (que tristemente se compra pues tiene precio) y el estilo (el cual, o lo tienes o estás perdido). Y ahí voy yo.

Últimamente estoy algo aburrida de ver chicas y chicos que van de modernos por creerse- precisamente- que están de moda o que le llevan la contraria. Y yo, que podría doblar su edad, observo cómo se dejan estropear ensimismados por unos estilismos a cual más terrible y horroroso. 

Quiero pensar que están en esa determinada edad en la/el que una/o hace caso omiso a cualquier sugerencia (por ahí hemos pasado todas/os). O, simplemente, intuyen que ser original es mucho más valioso que tener criterio. Y la originalidad nadando en temas de moda ha de estar dosificada de buen gusto. 
No sirve cualquier cosa.

Buen gusto, criterio e imaginación –pues- podrían ser las palabras adecuadas para saber vestir con estilo
Si a esto le añadimos además un monedero “justo”, seguramente, seremos la envidia de muchas y muchos.

Ahora ya no se estila la típica frase de: “es que a ti te queda todo bien”. O: “yo no me lo sabría poner”. Se lo ponen y punto.
Da igual si queda mal o peor. Según ellas/os es tendencia… está de moda. Y eso es lo que cuenta.

Así está el patio.

Por si fuera poco, precisamente, muchas y muchos de éstas/os de las/os que hablamos, se han asignado la categoría de “Personal Shopper”. O lo que vendría a ser lo mismo: deja que destroce tu imagen con tu dinero, para que yo luego pueda seguir destrozando la mía con lo que te cobre.

Como dice un buen amigo mío: ésto no es serio… 

Ser asesor de imagen conlleva mucho más que conocer las tiendas que copian tendencias a grandes modistas. O ser adicta/o a cuatro revistas de moda. Tampoco sirve alardear que tus iconos son tal o cual personaje inglés o americano. No, me niego.

Pero ahora todo vale.
Es como jugar al parchís sin ningún tipo de norma o regla. Y, lamentablemente, pierde la gracia.

Mi abuela me decía que en cuestión de modas y en tendencias: todo vuelve

Así, no me queda más remedio que asentar mi paciencia y esperar a que tras un viaje, loco e inesperado, el estilo vuelva acompañado de buen gusto y criterio. Sus dos mejores amigos.

Mientras tanto, deléitense señoras/es. Y a quien no le guste… mejor que no mire.




miércoles, 18 de agosto de 2010

Hoy sólo música.

Estrenamos sección: hoy sólo música.

Anni B Sweet.










Cuando una cree que ya pocas cosas pueden sorprenderle, en el terreno musical, choca de bruces contra su propia sorpresa.

Con sabor a frutas silvestres, colores suaves, camiseta de tirantes y botas camperas de paso firme. Entre aires que despeinan dulcemente, de mar o montaña… no importa. Entre melodías de pop, folk y canciones indies. Entre la melancolía y el ojo que atisba en el presente. Entre rayos de sol y campos de trigo. Entre la sal del mar y la arena infinita.

Así se nos presentó Ana López, una joven malagueña que aparcó sus estudios universitarios por seguir un sueño. Su música.

Aparentemente, a los oídos de cualquiera, sencilla. Pero para quien sepa valorar un regalo invisible y perpetuo en el tiempo, apreciará lo más elaborado y trabajado de Anni B Sweet. 
Todo un presente en estos días con sus respectivas noches.

Si te dejas llevar… puedes saborear el eco de la acústica, una instrumentación perfecta y una voz que encandila mientras te hace seguir despierta.

Doce temas en su primer disco: Start, Restart, Undo (2009)
Doce motivos para continuar un sueño.

Gracias Anni.




domingo, 15 de agosto de 2010

Va de Charles.



Llega un momento en la vida de la mayoría (dudo si escribir -todos-) en la que uno se pregunta qué es lo que está haciendo con su vida.

¿Soy quien quiero ser?, ¿hago lo que quiero hacer?, ¿estoy con quien quiero estar?, ¿ocupo mi tiempo con lo que me gusta?, etc.

Quien no se haya planteado este tipo de cuestiones, todavía no ha pasado por una de las crisis existenciales que suele tener el ser humano.

Y es que las crisis son, en definitiva, aquellas situaciones dificultosas en las que a uno no le queda más remedio que replantear la problemática en la que se haya y reinventar -o reinventarse- para continuar.
O eso… o entrar en una larga depresión esperando a que otro nos rescate.
Y, en vistas de cómo anda la sociedad, dudo que encontremos al alma caritativa dispuesto a tender su mano en nuestra ayuda.

En la ironía de la vida vamos a aprender que las dificultades y las adversidades nos hacen crecer. Ser más fuertes. 

A esto ya se refería Charles Darwin en 1859 con “El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas preferidas en la lucha por la vida”. Donde el más fuerte, o el que se adapta mejor, es el que consigue seguir adelante. Evolucionar.

Así pues, debe ser necesario: parar, cuestionar, analizar y buscar alternativas.
Que resulten ser soluciones… eso ya depende de cada uno y de sus propias expectativas.

Lo que queda claro es que no podemos vivir en un sin vivir. Aparentando ser quien no somos, haciendo lo que no queremos, estando con quien aburrimos u ocupando nuestro preciado tiempo entre banalidades.

“La vida es una obra que no permite ensayos. Canta, ríe, baila, llora, vive intensamente antes de que el telón baje.” Charles Chaplin.

Desde ahora y desde siempre: bienvenida crisis.



miércoles, 11 de agosto de 2010

Esa caja TONTA.

Con el verano llega el buen tiempo. 

Llega la chicharra y el achicharre, las chanclas y las durezas, la playa y las pelotas de los demás, la piscina y el pie de atleta, las mayonesas aliñadas con ensaladas, las barbacoas y las carnes de unos cuantos, los helados que rompieron a saber donde su cadena del frío y, por fin, las vacaciones de muchos. 

Con o sin descanso, todos buscamos airear el hueco del oficio que tenemos en nuestro seso.
Es como sacar la basura durante un mes para luego volver a recogerla (algo insólito si hablamos de desperdicios… pero no nos engañemos: es la realidad).

Once interminables meses pensando en esos 15 ó 30 días…
Hay quien planea sus vacaciones durante 335 jornadas.
Planea mientras sella documentos imprescindibles que quedan almacenados en un cajón, mientras saca la espina al atún de Doña Perpetua, mientras limpia el servicio de caballeros en la estación de autobuses, mientras finge que escucha las órdenes de Don Basilio en la oficina, mientras saca número a Hamal, Raviv, Emilio José,… en una cola sinfín afincada en el Departamento de la Seguridad Social, etc.

¡Tantos planes para tan pocos días!

Creo que casi todos disfrutamos de vacaciones… aunque, hoy en día, muchos no disfrutamos más que de eso: de tiempo libre. Y ese mismo tiempo de ocio que muchos anhelan, para otros se vuelve indeseable. 

Hacía ya unos cuantos meses que me encontraba en el desempleo cuando asomó el buen tiempo por mi ventana. Llené mis días de sol y de paseos, de terracitas de tapas con amigos, de conciertos al aire libre,… Llené mis noches de curiosidades mientras uno navega por la red, de música relajante, de artículos curiosos, de… de esa CAJA TONTA.
Sí, así descubrí que la caja tonta también hace vacaciones. Sueña (como la gran mayoría) en pillar ese mes, ¡o par de meses! (desgraciados nosotros), para largar su mínimo intelecto al Congo y dejar de guardia al guarda de seguridad.

Y digo yo: si somos unos cuantos los que disfrutamos de vacaciones casi todo el año, ¿no podrían dejarnos al mando de la caja? Porque jamás he visto a un “segurata” entreteniéndose de lo lindo… o, lo que sería más apropiado para el caso, divirtiendo al resto de la sociedad. Es algo impasable (dícese de aquello que no puede pasar jamás).

Así pues, la caja prefiere aturdirnos con programas repetidos y con la repetición de esas repeticiones. No vaya a ser que se nos olvide el programa 4 de “callejeros” (sólo hay 5 y la temática principal coincide misteriosamente: drogas, prostitutas, marginación), “vidas anónimas” con el cura moderno-motorista o la fea que practica sadomasoquismo con comerciales de no quieras saber qué… o “españoles en el mundo” que dedican el programa a las familias que no ven desde el día de su fuga.
Por no nombrar, of course, a los pobres que van de ricos, educados, sabios, estilosos y ejemplares (véase en el diccionario la definición de animalescos: Lomana, B. Esteban, Kiko Hernández, etc) o los ricos de van de glamourosos (véase en el diccionario la definición de fantoche: mujeres parasito-millonarias y holgazanes adinerados en busca de pareja fresca y hermosa como una lechuga).

El periodismo basura que se estila ha llegado ya a la categoría de deleznable.
Desde repetir incesantemente preguntas del estilo “Y usted con lo que cobra, ¿puede llegar a final de mes?” a un desempleado o a un jubilado… hasta restregarnos por las narices las maravillosas mansiones de aquellos que desean publicar sus vidas a cuento de nada y a costa de todo.
O nos sentimos tremendamente afortunados por nuestra condición de “mileurista” o nos hundimos en la miseria por no tener todo lo material- superficial que poseen algunos.

Ya no nos basta con informarnos a cerca de las noticias tristemente destacadas del día o con mostrar reportajes dignos de vidas indignas o míseras.

¡La caja quiere más! Y, en vacaciones, sólo conoce una palabra: REBAJAS.
Rebaja la cultura, rebaja la calidad, rebaja las películas, rebaja los documentales, rebaja el entretenimiento, rebaja la originalidad, rebaja el presupuesto, etc
Rebaja sobre rebaja para que un día no lejano a todos nos salga caro.

Ahora ya sé qué puedo vender este verano en e-bay: ESA CAJA TONTA.
Eso, o sacarla esta noche junto a mi basura…


martes, 10 de agosto de 2010

Solidaridad cero, NO gracias.

Solidario, ria:
(De sólido).

1. adj. Adherido o asociado a la causa, empresa u opinión de alguien.
2. adj. Der. Se dice de las obligaciones contraídas in sólidum y de las personas que las contraen.

Así de simple, escueta y fría se nos presenta la definición de nuestra palabra en el Diccionario de la Real Academia Española. 

Ahondando un poco más en el asunto nos encontramos la definición del filósofo Luís de Sebastián. El cual retoma la palabra como: "El reconocimiento práctico de la obligación natural que tienen los individuos y los grupos humanos de contribuir al bienestar de los que tienen que ver con ellos, especialmente de los que tienen más necesidad.”.

Luís de Sebastián también hace referencia a tres tipos de razones por las cuales hemos de ser solidarios: razones de moral, razones de decencia y razones de convivencia. Vendrían a ser aquellos convencimientos (éticos, religiosos, de la razón, del intelecto y de la comprensión hacia la dependencia y encadenamiento de todo ser humano en el planeta) que llevan a plantearnos los motivos por los cuales es necesario ser solidario.

Y es que, como ya hemos visto en las dos definiciones, ser solidario no vendría a ser un mero capricho sino una necesidad para todos. 

Según la ONU existen también diferentes formas de solidaridad: la personal (comportamiento individual) y la política (conjunto de acciones de un grupo humano o institución). 

Encontramos también opiniones en las que se nos describe la solidaridad como aquella actuación que implica asumir y compartir los riesgos y beneficios de todas aquellas causas, situaciones o circunstancias.

Si, además, todo esto se realiza en colectividad, o grupo social, indica un alto grado de integración, de estabilidad interna, de adhesión a unos valores comunes. Sería el reflejo de una sociedad plenamente humanitaria.

No es fácil hoy en día encontrar actos solidarios en nuestra cotidianidad. 

El afán por el individualismo, el egoísmo, el desconocimiento hacia la empatía, la falta de imaginación, la pereza, la desgana,… hacen que, día a día, nos volvamos insolidarios. Y ya no sólo con el resto de la humanidad o de seres vivos. Ni siquiera con el planeta o nuestro medio ambiente. Si no con nosotros mismos.

Actos tan simples como: ceder el asiento del autobús, preocuparnos por un ser querido y darle nuestro apoyo con nuestra compañía, regalar una sonrisa, avisar a quien pierde sus pertenencias por la vía pública, invertir dos minutos en leer un artículo y difundir la noticia, colaborar en las tareas diarias, reciclar, acudir a una llamada de auxilio,… no requieren una generosidad excesiva. Simplemente, son actos altruistas, humanitarios, que nos acercarán un poquito más a los demás y a nosotros mismos.

Cada vez que escucho que un acto simple no sirve de gran cosa me conmuevo por la pobre persona que lo dice.

Y es que gracias a cada pequeño y simple acto estamos cambiando un poquito a mejor.

Sí, ser solidario implica un esfuerzo. Pero es necesario para y por todos. Las mejores cosas, las mejores personas, siempre lo mejor se consiguió con un esfuerzo tras otro.

Solidarizarse con el pequeño mundo que a cada uno le rodea o con el resto del planeta es una opción personal. Y, claro está que, hay quien nos necesita desde lo más lejano y lo más desolado.

Así pues la próxima vez que te preguntes si eres solidario recuerda la última vez que realizaste un pequeño esfuerzo a favor de los demás, algo simple para ti pero de gran ayuda para el resto, algo con lo que pensaste: hoy me siento mejor y siento que todos podemos mejorar.

Para mi, eso es solidaridad. Y, ¿para ti?.

P.S.:
Solidaridad: capacidad de un ser, un individuo o grupo social para actuar en beneficio de un tercero. Aunque ello suponga esforzarse, asumir riesgos o involucrarse periódicamente en su ayuda. La solidaridad no tiene ni tamaño ni fronteras. La solidaridad ha de formar parte en la cadena de la vida.

lunes, 9 de agosto de 2010

"Aidez moi"

La llamada de "mayday" fue ideada en 1923 por Frederick Stanley Mockford (1897-1962).
Mockford, un oficial de radio del aeropuerto de Croydon en Londres, recibió el encargo de encontrar una palabra que indicara señal de socorro y fuera entendida fácilmente por todos los pilotos y personal de tierra en una emergencia. 
Debido a que gran parte del tráfico estaba en ese entonces entre Croydon y el aeropuerto de  Le Bourget en Paris, Mockford propuso la palabra «mayday», proveniente del m'aidez francés.
La llamada hecha tres veces (mayday, mayday, mayday) en una línea significa peligro inminente, por ejemplo: riesgo de perder la vida.