Solidario, ria:
(De sólido).
1. adj. Adherido o asociado a la causa, empresa u opinión de alguien.
2. adj. Der. Se dice de las obligaciones contraídas in sólidum y de las personas que las contraen.
Así de simple, escueta y fría se nos presenta la definición de nuestra palabra en el Diccionario de la Real Academia Española.
Ahondando un poco más en el asunto nos encontramos la definición del filósofo Luís de Sebastián. El cual retoma la palabra como: "El reconocimiento práctico de la obligación natural que tienen los individuos y los grupos humanos de contribuir al bienestar de los que tienen que ver con ellos, especialmente de los que tienen más necesidad.”.
Luís de Sebastián también hace referencia a tres tipos de razones por las cuales hemos de ser solidarios: razones de moral, razones de decencia y razones de convivencia. Vendrían a ser aquellos convencimientos (éticos, religiosos, de la razón, del intelecto y de la comprensión hacia la dependencia y encadenamiento de todo ser humano en el planeta) que llevan a plantearnos los motivos por los cuales es necesario ser solidario.
Y es que, como ya hemos visto en las dos definiciones, ser solidario no vendría a ser un mero capricho sino una necesidad para todos.
Según la ONU existen también diferentes formas de solidaridad: la personal (comportamiento individual) y la política (conjunto de acciones de un grupo humano o institución).
Encontramos también opiniones en las que se nos describe la solidaridad como aquella actuación que implica asumir y compartir los riesgos y beneficios de todas aquellas causas, situaciones o circunstancias.
Si, además, todo esto se realiza en colectividad, o grupo social, indica un alto grado de integración, de estabilidad interna, de adhesión a unos valores comunes. Sería el reflejo de una sociedad plenamente humanitaria.
No es fácil hoy en día encontrar actos solidarios en nuestra cotidianidad.
El afán por el individualismo, el egoísmo, el desconocimiento hacia la empatía, la falta de imaginación, la pereza, la desgana,… hacen que, día a día, nos volvamos insolidarios. Y ya no sólo con el resto de la humanidad o de seres vivos. Ni siquiera con el planeta o nuestro medio ambiente. Si no con nosotros mismos.
Actos tan simples como: ceder el asiento del autobús, preocuparnos por un ser querido y darle nuestro apoyo con nuestra compañía, regalar una sonrisa, avisar a quien pierde sus pertenencias por la vía pública, invertir dos minutos en leer un artículo y difundir la noticia, colaborar en las tareas diarias, reciclar, acudir a una llamada de auxilio,… no requieren una generosidad excesiva. Simplemente, son actos altruistas, humanitarios, que nos acercarán un poquito más a los demás y a nosotros mismos.
Cada vez que escucho que un acto simple no sirve de gran cosa me conmuevo por la pobre persona que lo dice.
Y es que gracias a cada pequeño y simple acto estamos cambiando un poquito a mejor.
Sí, ser solidario implica un esfuerzo. Pero es necesario para y por todos. Las mejores cosas, las mejores personas, siempre lo mejor se consiguió con un esfuerzo tras otro.
Solidarizarse con el pequeño mundo que a cada uno le rodea o con el resto del planeta es una opción personal. Y, claro está que, hay quien nos necesita desde lo más lejano y lo más desolado.
Así pues la próxima vez que te preguntes si eres solidario recuerda la última vez que realizaste un pequeño esfuerzo a favor de los demás, algo simple para ti pero de gran ayuda para el resto, algo con lo que pensaste: hoy me siento mejor y siento que todos podemos mejorar.
Para mi, eso es solidaridad. Y, ¿para ti?.
P.S.:

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